Frases como esta son las que me rondan por la cabeza todas las noches de mi existencia. Pensar que yo solo soy una mota de polvo de un mundo tan grande me aterra, pero... así es la vida.
Antes de despertarme siempre espero a que un rayito de sol asome por la persiana entreabierta, para confirmar así que ya ha amanecido. Me levanto sin hacer el mas mínimo ruido para que mi hermana, que duerme en la misma habitación, no se despierte. Doy pasitos muy pequeñitos para que el roce de mis pies desnudos sobre el suelo no cree sonido, abro la puerta muy poco para que no entre luz y a continuación salgo del dormitorio.
Paso el estrecho pasillo que me conduce a las escaleras que dan al piso de abajo, los ronquidos de mi abuelo se pueden oír incluso al final del pasillo, son muy molestos, para mi abuela sobre todo, pero a mi me hacen gracia y siempre cuando paso por ahí tengo que contener la risa.
Unos pasos después veo la larga escalera de madera que he de bajar, otra vez, lo hago de puntillas, ya casi sin tocar el suelo. A medida que voy bajando siento el aire tocar mis cabellos, no es de extrañar puesto que la demacrada chimenea que hay en la sala de estar lo deja entrar muy facilmente.
Ya he llegado al piso de abajo, el tramo que me queda ya es coser y cantar, tan solo tengo que ponerme mis desgastadas zapatillas y salir por la puerta sin que me oigan.
Al abrir la puerta un potente rayo de sol me deja sin vista por unos instantes, ¡por fin fuera! Que alivio poder respirar la agradable brisa del campo, oigo cantar a unos pajaritos que sigo sin saber de que clase son, pero, no me importa, se agradece oír algo natural por la mañana.
Todo ahora es felicidad para mi, hasta que veo la horrorosa valla que me tiene prisionera en esta pequeña finca.
Es increíble como cuatro paredes pueden arruinar tu felicidad, tras observar esta jaula enorme unos instantes echo a correr hasta la parte trasera de la casa. Allí en el fondo de un baúl entre trastos y viejos artilugios que mi abuela nunca a llegado a usar se esconde el objeto mas valioso para mi... ¡Un palo! Pero no un palo cualquiera, es un regalo de mi padre que me dio antes de irse a luchar a la guerra hace algún tiempo, quien diría que es lo único que me queda de el, la verdad no se como he llegado a encariñarme tanto por un viejo palo, quizá sea por la dedicatoria que tiene tallada: "Encuentra siempre el camino". Aunque no se muy bien a que se refiere, esas palabras siempre estarán en mi interior.
Como un relámpago cojo el palo y echo a correr hacia el muro trasero.
Ya, ya se lo que pensáis, ¡pero no! No lo voy a escalar, es que estrategicamente, hay una especie de arbustos o yo que se que tapan un agujero en el muro, se nota la mala calidad del material.
Siempre que paso por ahí me llevo algún que otro corte producido por los arbustos, en tal caso es que lo atravesé y... ¡Oh! Que delicia, por fin libertad. Ahora solo me faltaba llegar a mi rinconcito secreto, es una especie de claro entre unos arboles cerca de la zona de cultivo, allí puedo ser yo misma.
Desde hace ya años vengo aquí para entrenarme por si algún día salgo de esta mini-prisión, todas las mañanas saco unos cuantos peleles hechos de madera y paja de entre la maraña y me pongo darles golpes y a fingir que estoy en una pelea de verdad, ojala fuera así. Un poco después mientras me ensaño con esos peleles aparece Mika, la gatita abandonada que yo "apadrine". Es que me muero por ella, es tan linda, y tiene unos ojazos verdes que parecen esmeraldas, no puedo resistirme y me acerco a acariciarla.
- Hola preciosa, ¿que tal estas?- No espero que me conteste, pero aun así le sigo hablando- Me gustaría llevarte a casa, pero la estúpida alergia hacia los gatos que tiene mi hermana me impide hacerlo.
Tras eso me levanto y con una sonrisa picara vuelvo a mi entrenamiento diario mientras Mika se queda ahí mirándome.
Un tiempo después empezé a notar como el sudor caía por mi piel, eso era señal de que ya había entrenado bastante. Así que me acerque a una fuentecita que había cerca de allí y sacie mi incansable sed, lo que no me esperaba esos instantes es que al mirar el reloj me diera cuenta de que ya se me había pasado el tiempo de entrenar, ¿como? ¿ya a pasado una hora? Tan rápido como mis pies me permitían eche a correr hacia el agujero de la pared, tan rápido iba que creo que ya ni llegue a tocar los arbustos.
Llegue a la parte trasera de la casa, guarde otra vez el palo en el baúl, bien escondido, claro está, y me dispuse a entrar a la casa por la puerta principal, pero de pronto oí como subía la persiana del cuarto de mis abuelos. ¡No! Mis planes al traste, como no estuviera en cama cuando mi abuela entrara en la habitación se iba a armar una muy buena. Pero algo sucedió, vi la ventana de mi dormitorio medioabierta y pensé que podía entrar por ahí, no estaba a gran altura y los trastos de mi abuela apilados me servirían de escalera, tenía que intentarlo, que diantres, me subí toda decidida y cuando estuve en lo mas alto pegué un salto para llegar a agarrarme a la cornisa de la ventana, pero nada, no llegue, la ventana del dormitorio de mis abuelos se abría, quedaba cada vez menos tiempo.
Con un segundo intento llegue a tocar la cornisa, pero nada, seguía sin llegar.
El tiempo pasaba y yo lo veía imposible, aunque, sabéis esos momentos en los que pones todo tu empeño y parece que ocurre algo imposible, pues al tercer intento pasó, no se muy bien lo que paso, pero... Por unos momentos me elevé en el aire y juraría que una ráfaga de aire me impulso hacía la ventana.
Ya estaba agarrada a la cornisa, con todas mis fuerzas me lancé hacía dentro de la habitación y rapidamente me metí en la cama justo cuando mi abuela entraba por la puerta. Desde ese momento todo ya siguió monotonamente.
Mi abuela entra y dice:
-Despertad, vamos, arriba, ya es hora de levantarse- Mientras sube la persiana
-¡Si abuela!- Decimos al unisono mi hermana y yo
La abuela sale yo me levanto y entonces Sara dice lo de siempre.
-¿Donde has estado?
-¿Yo? En ninguna parte- Le contesto yo con la monotonía de siempre
-Te has levantado una hora antes que todos
-¿Yo? Que va- Digo disimulando
-¿Que hacías?
-Cosas- Digo yo ya para acabar
Siempre la misma conversación, mismas preguntas, mismas respuestas, siempre igual... menos aquel día. Cuando yo me disponía a salir por la puerta, Sara se levanto enfadada.
-¡Uxía, ya estoy harta de escusas! ¡Donde has estado!- Se puso a gritarme
-Te digo que en ninguna parte
-¡Oh, por favor! ¡Se de sobra que todas las mañanas te levantas una hora antes que todos y vas a no se donde a no se que!
Al tal enfado que tuvo mi hermana solo pude reaccionar de una manera.
-¡Yo si que estoy harta de aguantar que estés siempre encima mía! ¡Déjame en paz, déjame vivir! ¡Por que seas mi hermana no tienes derecho a controlarme!
Tras decir eso eche a correr hacía la cocina, estaba enfadada pero a la vez confusa.
¿Por que esta vez se ha enfadado tanto?
Ya he llegado al piso de abajo, el tramo que me queda ya es coser y cantar, tan solo tengo que ponerme mis desgastadas zapatillas y salir por la puerta sin que me oigan.
Al abrir la puerta un potente rayo de sol me deja sin vista por unos instantes, ¡por fin fuera! Que alivio poder respirar la agradable brisa del campo, oigo cantar a unos pajaritos que sigo sin saber de que clase son, pero, no me importa, se agradece oír algo natural por la mañana.
Todo ahora es felicidad para mi, hasta que veo la horrorosa valla que me tiene prisionera en esta pequeña finca.
Es increíble como cuatro paredes pueden arruinar tu felicidad, tras observar esta jaula enorme unos instantes echo a correr hasta la parte trasera de la casa. Allí en el fondo de un baúl entre trastos y viejos artilugios que mi abuela nunca a llegado a usar se esconde el objeto mas valioso para mi... ¡Un palo! Pero no un palo cualquiera, es un regalo de mi padre que me dio antes de irse a luchar a la guerra hace algún tiempo, quien diría que es lo único que me queda de el, la verdad no se como he llegado a encariñarme tanto por un viejo palo, quizá sea por la dedicatoria que tiene tallada: "Encuentra siempre el camino". Aunque no se muy bien a que se refiere, esas palabras siempre estarán en mi interior.
Como un relámpago cojo el palo y echo a correr hacia el muro trasero.
Ya, ya se lo que pensáis, ¡pero no! No lo voy a escalar, es que estrategicamente, hay una especie de arbustos o yo que se que tapan un agujero en el muro, se nota la mala calidad del material.
Siempre que paso por ahí me llevo algún que otro corte producido por los arbustos, en tal caso es que lo atravesé y... ¡Oh! Que delicia, por fin libertad. Ahora solo me faltaba llegar a mi rinconcito secreto, es una especie de claro entre unos arboles cerca de la zona de cultivo, allí puedo ser yo misma.
Desde hace ya años vengo aquí para entrenarme por si algún día salgo de esta mini-prisión, todas las mañanas saco unos cuantos peleles hechos de madera y paja de entre la maraña y me pongo darles golpes y a fingir que estoy en una pelea de verdad, ojala fuera así. Un poco después mientras me ensaño con esos peleles aparece Mika, la gatita abandonada que yo "apadrine". Es que me muero por ella, es tan linda, y tiene unos ojazos verdes que parecen esmeraldas, no puedo resistirme y me acerco a acariciarla.
- Hola preciosa, ¿que tal estas?- No espero que me conteste, pero aun así le sigo hablando- Me gustaría llevarte a casa, pero la estúpida alergia hacia los gatos que tiene mi hermana me impide hacerlo.
Tras eso me levanto y con una sonrisa picara vuelvo a mi entrenamiento diario mientras Mika se queda ahí mirándome.
Un tiempo después empezé a notar como el sudor caía por mi piel, eso era señal de que ya había entrenado bastante. Así que me acerque a una fuentecita que había cerca de allí y sacie mi incansable sed, lo que no me esperaba esos instantes es que al mirar el reloj me diera cuenta de que ya se me había pasado el tiempo de entrenar, ¿como? ¿ya a pasado una hora? Tan rápido como mis pies me permitían eche a correr hacia el agujero de la pared, tan rápido iba que creo que ya ni llegue a tocar los arbustos.
Llegue a la parte trasera de la casa, guarde otra vez el palo en el baúl, bien escondido, claro está, y me dispuse a entrar a la casa por la puerta principal, pero de pronto oí como subía la persiana del cuarto de mis abuelos. ¡No! Mis planes al traste, como no estuviera en cama cuando mi abuela entrara en la habitación se iba a armar una muy buena. Pero algo sucedió, vi la ventana de mi dormitorio medioabierta y pensé que podía entrar por ahí, no estaba a gran altura y los trastos de mi abuela apilados me servirían de escalera, tenía que intentarlo, que diantres, me subí toda decidida y cuando estuve en lo mas alto pegué un salto para llegar a agarrarme a la cornisa de la ventana, pero nada, no llegue, la ventana del dormitorio de mis abuelos se abría, quedaba cada vez menos tiempo.
Con un segundo intento llegue a tocar la cornisa, pero nada, seguía sin llegar.
El tiempo pasaba y yo lo veía imposible, aunque, sabéis esos momentos en los que pones todo tu empeño y parece que ocurre algo imposible, pues al tercer intento pasó, no se muy bien lo que paso, pero... Por unos momentos me elevé en el aire y juraría que una ráfaga de aire me impulso hacía la ventana.
Ya estaba agarrada a la cornisa, con todas mis fuerzas me lancé hacía dentro de la habitación y rapidamente me metí en la cama justo cuando mi abuela entraba por la puerta. Desde ese momento todo ya siguió monotonamente.
Mi abuela entra y dice:
-Despertad, vamos, arriba, ya es hora de levantarse- Mientras sube la persiana
-¡Si abuela!- Decimos al unisono mi hermana y yo
La abuela sale yo me levanto y entonces Sara dice lo de siempre.
-¿Donde has estado?
-¿Yo? En ninguna parte- Le contesto yo con la monotonía de siempre
-Te has levantado una hora antes que todos
-¿Yo? Que va- Digo disimulando
-¿Que hacías?
-Cosas- Digo yo ya para acabar
Siempre la misma conversación, mismas preguntas, mismas respuestas, siempre igual... menos aquel día. Cuando yo me disponía a salir por la puerta, Sara se levanto enfadada.
-¡Uxía, ya estoy harta de escusas! ¡Donde has estado!- Se puso a gritarme
-Te digo que en ninguna parte
-¡Oh, por favor! ¡Se de sobra que todas las mañanas te levantas una hora antes que todos y vas a no se donde a no se que!
Al tal enfado que tuvo mi hermana solo pude reaccionar de una manera.
-¡Yo si que estoy harta de aguantar que estés siempre encima mía! ¡Déjame en paz, déjame vivir! ¡Por que seas mi hermana no tienes derecho a controlarme!
Tras decir eso eche a correr hacía la cocina, estaba enfadada pero a la vez confusa.
¿Por que esta vez se ha enfadado tanto?
